martes, 24 de mayo de 2011

Consejos para el caminante guerrero.

    Ser sincero con sigo mismo, es ante todo conocerse con toda profundidad, cómo si no, fuéramos verdaderamente capaces de no engañarnos. Si la verdad debe vivir en el corazón, es necesario vaciar el corazón. Si quieres encontrar el manantial, camina por el río contrario a su corriente, si quieres trenzarte el cabello, comienza por desenredarlos. Así, camina el sabio hacia su muerte, cooperando con lo inevitable: como el invierno hacia la primavera, como la madrugada va al día. En silencio y en entrega, si el tiempo es adverso se detiene, si el tiempo es favorable avanza con fuerza, allanando las colinas de este ser efímero, para que el ser verdadero levante los templos y las ciudades eternas.
    Todo viaje culmina en un regreso, como todo movimiento en el reposo; ese río que susurra en las cañadas, se silencia en el lago. Si quieres ver al hijo, mira al padre, si quieres ver al padre, corre donde el hijo…no se da alimento a los deseos.
    La deformidad en el casco del caballo alado, no importa. El sello de la meta lo pone el caminante, solo baste recorrer el camino del corazón sin que importe a dónde llegue, la revolución es ahora, en lo profundo del ser, en el exacto momento que se pierde tratando de juzgarla “el poder de la acción está en el intento".
    El insecto rapaz no sobrevive, el insecto manso tampoco. Antes de la inundación tenga lista la barca y una flauta serena que susurre finas melodías en la tormenta. Un campo de flores es miel en abundancia. Dar amor es merecerlo. La mariposa no pone sus huevos en el árbol marchito.

Reflejo.




     Al margen del deshielo está la llama. El amanecer es remoto, único e infinito.

    Un niño camina hacia la luz,
la luz es una estrella,
una estrella azul sobre la montaña.
Un lago es la plataforma,
de donde se yergue poderosa la montaña:

 “la montaña navega bajo la luz azul de la estrella que ve el niño que camina hacia ella…”
el niño se detiene,
bajo sus pies está el lago,
 la estrella azul y la montaña…
entonces el cielo queda abierto para el niño.

    Y así la noche mostrará su misterio;
 exhibirá su grandeza…
    Y así; el que ama entrega su tesoro.

    El que le tema al fuego, que no le tema al frío.
Madera y Llama es luz y ceniza.

Profesía.


                                  

    La nebulosa que sostiene al mundo,
 baila su danza con su viento, atomizando el tiempo.
    El reloj de luna,
Sigue su ritmo ritual de las edades.
   Y nosotros; por lo que fue y ha de venir,
Con la mirada puesta en la espera.

     Como aurora hirviente,
asustado por un último encuentro, va de prisa.
    Relámpago dormido redimiendo encantos;
solitaria entrega, de latidos congelados.

    Anda disperso un torbellino de ansias, hay disueltos deseos y sed.
    Hay una canción al final de la historia,
cuando termine la estela toda de los cometas y los cataclismos.
    Se desmoronarán las montañas como pólvora en el fuego,
y el mar será otro, y será otra la vida…
    Hay una barca alimentando a una soledad oceánica.

   Los niveles del diluvio de era en era van cambiando,
las combinaciones de los astros,
la edad de las edades.
    Perdido el hombre, camina en su destierro,
como una nube errante sobre las arenas del desierto.
    Se desplaza el miedo en su guarida,
en lo más oscuro de su incertidumbre,
escuchando un sonido de péndulo afilado.