sábado, 9 de octubre de 2010

Memorias del valle II

Hoy ví a mi rostro en el ojo de un caballo y recordé a Whitman, también vi al mundo en el ojo del caballo, y el lago, y el lirio y la luna, y la luna reflejada en el lago antes que los monos saltaran al agua con el afán de atraparla, como hombres en una iglesia intentando atrapar al espíritu, ese que dicen- es de dios y dueño de las palabras, de la verdad, del camino, y de la vida. 
 En la vasta simpleza de este valle, y en esa arrolladora perfección, no tengo ninguna objeción en utilizar las palabras -que son de dios- para decir que la verdad es la que es, el camino es el que hago todos los días para encontrar a mi vaca y la vida es respirar profundamente y sin agitaciones al ritmo de los días; aveces el mar y otras el arroyo de la sierra. Por eso recordé a Whitman, porque se me soltó mi vaca, porque no me deja ver el mundo a través de sus ojos, como lo hizo Whitman; y mi lamento es sencillo -por que mi vaca no es tan mansa como los caballos, que me dejan sentir el calor de sus ojos.
 No intento evitar que las nubes pasen como los pensamientos y así logro días despejados y carentes de sombras, en las noches es distinto, uno puede caer al infinito por el canto de un grillo o por una estrella fugás o por la espada de Orión. En un rincón los orichas guerreros, las congas,el sudor, y la sangre del cordero; y en el otro un Buda con un kyosakú, como en la danza de Shiva.

Memorias del valle I

   Hoy me senté en ZaZEN al atardecer en un claro de mi espinoso monte, quería sentir el latido del valle al apagarce el sol. Acomodé perfecto el zafú contra el suelo, sembré las rodillas en la tierra , erguí la cabeza  hacia el cielo como la montaña y canté desde lo más profundo el "Dai sai keda po ku" el vacío fue inminente en la realidad atomisada; la nota suave de un viento con olor a sal que recuerda al mar, colores matizando la realidad donde mi ser no era más que un espejo donde se acumula el polvo.... y por momentos: "ni espejo, ni polvo, ni nada que limpiar..." y no fuí sino un espino más que respiraba ungido en el umbral de la existencia, vibrando en su única naturaleza de árbol espinoso, persistente y bueno para carbón. Fue entonces cuando ocurrió lo extraordinario; me recuerdo en mí , cuando unos lentos y  pesados pasos de bisonte se aproximan, no es propicio romper la forma del buda por cualquier alucinación, el maestro dice que hay que mantener el cuello estirado y el mentón recogido de tal forma que el culo quede mirando al sol...y la calma. Ya lo tenía claro, era mi revoltosa vaca que se aproximaba con curiosidad parsimoniosa, ondulando su cola con ademán sereno y majestuosidad de vaca, se acercó tanto que pude sentir su jadeo en mis oídos, su aliento de rumen, me olfateo como a un espino, y pude ver por fin, en una gota esfímera del tiempo... mi rostro reflejado en su brillante, transparente y profundo ojo...después, haciendo un giro con notable indiferencia, se alejó tranquila hasta perderse en el pastizal. Y hasta aquí me llegaron las palabras, no pudiendo generar poesía como la de Whitman ante la misma experiencia. Es curioso que mi vaca venga a mí, justo en el único momento en que no deseo atraparla y atarla a un palo para que no me siga dejando "la cagá" tratando de sacar agua de las tuberías del riego y pisoteando mangueras y devorando sin piedad ni escrúpulos las exóticas plantas del jardín y de la huerta...
....y en fin, un águila solitaria cruzó el cielo e inauguró la noche.

viernes, 1 de octubre de 2010

nadie.

 Un día, me lanzaré a correr, cuando mis pies ya no existan. Gritaré a la montaña cuándo mi voz ya no esté,   feliz de no existir y de no ser...
 Un pájaro vuela de frente al horizonte, el sol lo acaricia y nadie ve su brillo, su sombra es un anillo que corona el viento; el mar es un naufragio, una isla sin distancias...un rostro sin orillas
 Mi palabra es la crin de un caballo salvaje; el fiero despertar de un lobo a su luna, una luz que comienza su viaje al infinito, una llama que corre, un aliento que escapa...
 El día me sorprende sentado en el misterio, descifrando el enigma que no tiene palabras, esta historia sin fin ya se ha escrito mil veces, ya han cantado los cisnes, ya voló las crisálida...en su forma de flor.
 ...y no soy ni el olor de la ceniza.

Perrotrofágia indirecta.

  Este perro está muerto, lo se porque no abre sus ojos ni mueve su vientre. Este perro volará...en miles de moscas y será de árbol y de tierra, lo mismo de siempre, carne de lagarto y de rapaz. Ese perro ayer dormía tranquilo, comió lo de siempre en el lugar de siempre, pelet y huesos de cerdo; cerdo que es perro, y larvas de moscas...voraces, perrofagas, asquerosas, que no dudarán en corretear sobre mi pan, que será mi desayuno con restos de perro, el mismo perro muerto a la orilla del camino.
  ...y en algún lugar, alguien que no es la luna, recuerda un aullido de perro.

Parodia imposible

El ave fénix volaba
Sobre los hielos.
Un témpano viajaba rumbo al sol.

El oscuro reflejo de la noche,
Se desplazaba suavemente sobre el lago…
Huyéndole a la luz.

La veleta
Se queja
De la monotonía del viento.

Zapatos para andar descalzo,
Riquezas para padecer.
Risa sin diente del pobre
Hambre para comer.
 
Supe que dios era ateo.
Y no lo quiero decir
Creo,
Que dios está por ahí…

Atrapar un manojo de escarcha,
Jurar por el ombligo de Adán.
Contarle los pelos a la cucaracha
Un enano superman.

versos.

Era la luna un reflejo,
en un lago azul turquesa.
...el agua mansa; un espejo,
Reflejando la belleza.

Era el cielo tan profundo
en aquella noche abierta,
Eran uno cielo y mundo,
Renunciando a la tristeza.

Una gota de rocío,
le contó al amanecer,
que escuchó cantar al río,
cuando vio al día nacer...

y no vio a la noche el día,
el sol cubrió las estrellas...
y cantó otra melodía,
Con notas igual de bellas...

Besos miles como flores...como arena.

En la luz de un aguacero,
Húmedo como el manantial.
Hay una espada de acero
En manos de un animal.

Hay una flor que mutila,
Sembrada en la tierra santa
Un colmillo que acaricia
A una presa que no sangra.

Hay un corcel cabizbajo
Que no quiere a trote andar,
Y en su lento caminar,
Va superando el atajo.

No se arrastra  la serpiente
Porque no quiere volar,
Se arrastra porque al andar
Siente a la tierra caliente.

Gérmen de vida.

 En un asteroide cualquiera, de esos cuyo número no tiene fin, había una mancha oscura, el asteroide no tenía edad, no era raro; un pedazo de roca que viajaba en una sola dirección, impulsado por su instinto inevitable; recorriendo la elíptica del tiempo, vectorialmente, con un fin, un objetivo, y dicen que no era consiente de ser. Solo viajaba buscando un impacto, un planeta  líquido,  sólido  y gaseoso…cercano a una estrella, donde sembrar un cráter, un lugar seguro para la mancha oscura…
  En su viaje a la estrella el planeta vivía; caía lentamente en un espiral que casi parecía eterno, en cierto momento, se encontraron el calor y el frío ávidos de sed, y miraron las piedras y jugaron con ellas por eras de eras condensando el vacío en porciones de materia, juntando puntos infinitesimales en el espacio con descomunal esmero, exactitud, y  empastados con tiempo hasta formar el orden cristalino, el mineral que sabe hacer agua. El calor y el frió, establecen un pacto de amistad y se reparten el agua delimitando sus dominios , el frió se llevó la mitad del agua líquida y toda la sólida, y el calor quedó feliz con su otra mitad de agua líquida y toda la gaseosa.  

inconciencia.

  Este era un cerebro, que creía haber dominado al mundo, lo aprendió todo; poco a poco , paso a paso, de era en era, segundo a segundo, supo todo sobre las leyes de la naturaleza, sus orígenes, y quería navegar a través del tiempo, escudriñó la materia hasta el vacío, la dividió en niveles, contó todo lo contable y de mil formas, inventó los dominios y graficó hasta el infinito…descubrió y creó todo lo que imaginó,  lo imaginó todo, convirtió el carbón y la sílice  en espejos para mirar el cielo, supo hacer luz, y dibujó contornos cada ves mas distantes, extendió su memoria de todas las cosas, creó sonidos para escuchar, sabores para degustar, olores para oler, colores y sombras para ver, y lo justificó todo…con escrupuloso detalle, y así se mantuvo vivo por doscientos mil años, justo los pocos doscientos mil años en que lo aprendió todo y creyó haber dominado al mundo… un día, se deleitaba en su mejor alquimia, había conseguido dividir al indivisible dejando libre a la fuerza que lo unía, y la fuerza mostró una cólera infinita calcinando el aire y convirtiendo en polvo el resto de sus días…y se atomizó el mundo, con todo lo que le quedaba de vida.  Porque el cerebro inmerso en su propia reafirmación, nunca pudo sentir que era parte del mundo.