martes, 24 de mayo de 2011

Profesía.


                                  

    La nebulosa que sostiene al mundo,
 baila su danza con su viento, atomizando el tiempo.
    El reloj de luna,
Sigue su ritmo ritual de las edades.
   Y nosotros; por lo que fue y ha de venir,
Con la mirada puesta en la espera.

     Como aurora hirviente,
asustado por un último encuentro, va de prisa.
    Relámpago dormido redimiendo encantos;
solitaria entrega, de latidos congelados.

    Anda disperso un torbellino de ansias, hay disueltos deseos y sed.
    Hay una canción al final de la historia,
cuando termine la estela toda de los cometas y los cataclismos.
    Se desmoronarán las montañas como pólvora en el fuego,
y el mar será otro, y será otra la vida…
    Hay una barca alimentando a una soledad oceánica.

   Los niveles del diluvio de era en era van cambiando,
las combinaciones de los astros,
la edad de las edades.
    Perdido el hombre, camina en su destierro,
como una nube errante sobre las arenas del desierto.
    Se desplaza el miedo en su guarida,
en lo más oscuro de su incertidumbre,
escuchando un sonido de péndulo afilado.








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